Paro cada mañana frente a este "rectángulo" como si parara frente a un cuadro o frente a una fotografía enmarcada en una exposición.
Este trocito de mundo tiene algunas de las cosas que adoro: un buen pedazo de cielo y su correspondiente retazo de agua, un puentecito pintoresco, sauces y más árboles.
Las distintas estaciones me regalan postales diferentes y en Otoño crecen honguitos que parecen de juguete y asoman, tiernos, bajo la orgullosa capa de hojas.
El agua emblanquece o se amarrona según el hielo o el hierro y una vez vi saltar a un pez grandísimo y pegué un alarido de emoción por lo inesperado, como una niña.
Al principio me avergonzaba un poco por parar de la nada en este rincón de la vereda y observar los segundos que quisiera...
Ya saben, pienso: "qué creerán que hago parada acá...?"
"Bueno...", me respondí. "Miro".
Eso hago: miro. Me guardo unos segundos de ese espacio para mí.
Una de las cosas que más me agradezco a mí misma es haber parado a observar: observar al que fue mi cielo, al trozo de agua que me prestaron, observar la vista que ya no vería, las manos y los ojos que ya no veo, observar los árboles de rincones habituales porque lo habitual deja de serlo y se vuelve recuerdo con la rapidez de un rayo en una secuencia y un tiempo desconocidos.
Es por eso que paro y observo: nunca sabemos cuando no habrá ya más cuadro por un motivo u otro...
Esas fotos indelebles se sacan con los sentidos.
Al observar, me entreno para vivir que a las imágenes más importantes de mi vida las llevo en la memoria de mi alma.
Ya no me avergüenzo por detenerme a mirar para grabar instantes, lugares en mí: capto algo de eso que fue cuando esa fui para revivirlo en la que seré.
Sé que habrá quien entienda... yo lo entiendo bien.
©AnimarJournals




I love this appreciation for what surrounds you. One of my favourite quotes is from a Keats poem ‘A thing of beauty is a joy forever’. Claire x
ResponderEliminar