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martes, 29 de agosto de 2023

Mi primera vez

 He pensado que si cuando muera, pudiese escribirse algo en mi lápida, "Aquí yace la primera vez de muchos" sería apropiadísimo.

Esa es una frase que he escuchado mucho a lo largo de mi vida.

Al principio lo creí: solemos ser bastante ingenuos al principio de mucho y nos preguntamos con qué intención nos mentirían...

Pero al escuchar la frase por decimoctava vez sentí que era hora de empezar a sospechar.

Los contextos en que aparece difieren muchísimo aunque se han convertido en un latiguillo recurrente.

Como el "esa es una pregunta excelente, muchas gracias por hacerla!" del entrevistado al entrevistador, el "usted es la primera persona que" se convierte en la exculpa y disculpa de demasiados.

"Usted es la primera persona que nos dice que se escuchan ruidos provenientes de esa empresa", dirá el funcionario a cargo para luego reconocer que tiene un dossier entero sobre el tema.

"Sos la primera que nos dice que los tachos públicos para caca del perro desbordan y bolsas y caca caen al suelo".

"Nadie antes nos dijo que  había errores en esta traducción", "usted es la primera persona que nos dice que la información de la página web no condice con la realidad", "si usted no nos hubiese dicho, no hubiésemos sabido que esa sucursal lleva años cerrada".

En términos de salud, la escena adquiere características de ciencia ficción. Casi como si debiera haber una carrera de medicina solo y exclusivamente basada en mí porque aunque todos somos diferentes, yo parezco regar primeras veces.

Han llevado el latiguillo a un punto tristísimo con tal de comenzar el cronómetro en nuestro comentario, como si fuésemos a comprar que definitivamente ahí comienza la historia.

He sido "la primera vez" de muchos... La primera vez conmigo...!


AnimarJournals


sábado, 26 de agosto de 2023

Islas.

 En el fondo (y en el frente), siempre estamos más bien solos.

 Y no somos meras islas: conformamos archipiélagos.

 Somos unidades de tiempos, recuerdos, mentiras y verdades.

 Es difícil explicarnos y por ello quizá sea también difícil entendernos 
aunque siquiera lo intentemos ya...

 Algunas islas ven caer y subir  al sol en el mismo momento, algunas incluso están "comunicadas" por un puente pero qué es un puente?  

 Cuánto puede intercambiarse por un puente? Pueden acaso los viejos árboles avanzar por el puente, por ejemplo?

 La otra isla puede suponer que la sombra de sus árboles se parece a la nuestra, que su olor, su textura, la forma en que el viento mueve sus ramas y sus hojas es igual.

 Pero no lo es... Esa isla no ha visto crecer (y morir) nuestros árboles, no ha temido por ellos en las tormentas, no se ha refugiado en su sombra ni ha tarareado su canción de hojas aplaudiendo...

 Podemos comunicarnos brevemente por el puente pero somos islas, nada más...

 A la par, la otra isla no duerme preguntándose si por la norma habitual de migración, sus aves no debieran estar ya ahí y otros asuntos relativos a la isla que es.

 Más temprano que tarde nos irá tapando el agua y como nuestros árboles y nuestras plantas y nuestra demás pequeña vida, moriremos...

 Con nosotros se irá lo que supimos y no habrá registro que transmita lo que ha, lo que hemos sido.

 No importará ya porque al menos en la muerte estarán encapsulados nuestros recuerdos, en la  muerte de nuestra isla habitará la memoria plena de lo que hemos sido.

 Esa memoria que las otras islas ni aun vivas pudieron absorber.

 En mi isla (y en la de al lado, y en la otra...) está cayendo el sol.

 Viendo una vez más lo que sólo yo vi, lo que sé y sólo yo sabré aún cuando me haya ido... me duermo.

lunes, 21 de agosto de 2023

Soberbia.

Cuando algún amigo me cuenta que alguien "le pasó por arriba" (el lunfardo argentino para quien metafóricamente "te atropella"con su actitud, discurso o ambos), las frases que siguen son a menudo: "pero qué le voy a hacer, no pude contestarle nada PORQUE NO QUIERO TENER PROBLEMAS".

Poniendo un poco de distancia y atención, no es difícil identificar esas figuras arrogantes y (auto)legitimadas para atreverse sabiendo que les será fácil: un maestro de grado (de tu hijo), el director de la escuela, el médico tratante o la recepcionista, el empleado de correo (con el que estás por despachar tu trabajo), el empleado público (de cualquier categoría)...

Al fin y al cabo, cualquier persona cuya función la sube a un escalón con un mínimo de diez milímetros más alto que nosotros, se enciende y arde con el oxígeno de nuestra retracción y arden a lo loco.

Es fácil que se nos anime cuando nosotros mismos nos atamos de pies y manos "para no confrontar con el doctor PORQUE ME PUEDE TRAER PROBLEMAS".

Así de fácil crece el ego herido del inútil: la paradoja del aire del aliento que retenemos les ayuda a convencerse de que en verdad son infalibles y poderosos, que no los toca nadie, convence a una recepcionista de ser la reencarnación de Winston Churchill en la Segunda Guerra Mundial, a un cirujano de que es el creador de una vacuna que ha salvado millones de vidas y a un empleado administrativo manejando un expediente de que es la mano que mueve al país más poderoso de la Tierra.

De ahí a mirarnos, hablarnos y tratarnos como si fuésemos absolutamente idiotas hay un paso natural (para ellos, sobre todo).

En mi caso no siempre callo por temor sino más bien por lástima: cuando los veo creerse superiores los sé heridos, sé que se saben débiles e incapaces, que se aferran a su función y en ella a su poder porque es lo único que los hace sentirse alguien y que la usan de látigo para ocultar su terror a ser descubiertos en su ruidosa mediocridad.

Pero cuando me callo al verlos agitar su soberbia corro el riesgo de que en su delirio me tomen también por idiota.

Créase o no, todavía existen personas que creen que la amabilidad y la ternura son síntomas o símbolos de debilidad y que actuando como gigantes de cartón, triunfan. Y en verdad... triunfan.

Tal vez sea hora de darle al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios y al soberbio una foto de situación que lo calme un poco.

Estamos rodeados de hombres y mujeres mirándonos como si montaran un percherón mientras galopan en un precioso y pequeñito caballito Falabella.

El mundo sería un poco, un poquitito más justo, si a tantos cacareadores profesionales no les dejásemos avanzar tanto en su arrogancia. 

Cantar antes de entrar "a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar" nos puede ayudar.

Después de todo, en el orden educativo, sanitario, político, civil, social... jamás es una buena idea permitir que nadie, cualquiera, sea quién sea y por más complejo de inferioridad que tenga, nos tome por idiotas.

Hala!, a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar!


@AnimarJournals

Esfuérzate en ser feliz.

Decir que el tiempo vuela se queda corto. El tiempo nos lleva de una punta a la otra a una velocidad vertiginosa, como el Concorde. Solía pe...