Alguien me preguntó hace algunos días: "hacés propósitos para el año nuevo?". Y recordando que olvidé responderle, aproveché para seguir pensándolo...
Ya no los hago, no. He pasado por años con más propósitos que meses, con propósitos ambiciosos, rimbombantes, delirantes...
Ha habido años en que los propósitos han sido más realistas, en que tenían los pies sobre la tierra pero la cabeza aún en las nubes a veces.
Y venía después el tiempo del contraste entre lo planificado y lo hecho y la imagen se asemejaba al meme de "en la foto de perfil vs. en la juntada". Era notoria la distorsión y con ella la frustración. Qué año casi perdido había sido ese en que doce meses no fueron suficientes para alcanzar el objetivo, tal vez no me había esforzado lo suficiente, tal vez debería haberme fogoneado con el cuco del fracaso alrededor de julio o agosto como para que Diciembre no me encontrara desprevenida...
Toda la idea fue transformándose en un pesado telón sostenido con alfileres que iba cayendo, detrás del cual asomaban fragmentos de escenas y situaciones, nada completo, nada en concreto, un plano insuficiente e inacabado.
Abandonar la idea del propósito como preámbulo necesario para un nuevo año me hizo sentir más liviana, menos pesada, más autorizada a navegar sin el corset de mis propias limitaciones que paradójicamente debían haber sido mi impulso.
Opté entonces por hacer listas informales, listas de deseos: a veces las escribo, a veces las mantengo en mi cabeza como una guía flexible, dinámica.
Los ciclos no saben de años, después de todo. Lo único que empieza el uno de enero es el año calendario... Tanto más viene de antes y avanza, tanto más puede empezar un ocho de agosto o un doce de septiembre... Y cuánta más fuerza y honestidad tiene esa decisión nacida de la necesidad o el deseo que explota cualquier mañana como una feroz manera de nacer y que desde allí crecerá todo lo que deba o quiera crecer...
Pasan así los treinta y uno y los primeros sin tanta pena ni tanta gloria: la mañana siguiente nos devolverá el mismo rostro en el espejo y las ganas o la esperanza poco quieren entender de fuegos artificiales, brindis ni parafernalia.
Un año nuevo no es para mí una puerta de entrada sino otro cuadro en el pasillo y a los cuadros los pinto cada vez con mejores ganas.
©AnimarJournals
It’s such a great perspective, not only on the weather, but on life itself. We tend to label every aspect of life and not live in the moment and enjoy it as just as it is. Thanks for sharing this, I really enjoyed reading it and looking forward to reading more. Claire H
ResponderEliminar¡Que maravilla saber que en 2023 contamos con un tu nuevo espacio para replantearnos nuestro dia a día! Con nuestro diario o con el tuyo, intentaré hacer propósitos cualitativos y no cuantitativos. Siempre tus reflexiones llegan al corazón. ❤ ¡Gracias por ponerlas al alcance de todos!
ResponderEliminarSiempre me cuestioné la diferencia entre el 31 de diciembre y el 2 de enero, sin ir mas lejos. Y después de leer este bonito artículo siento que no estaba confundida. Pero reconozco que ese "mandato" de propósitos o de metas a ser cumplidos (exitosamente por cierto) hacen del año que se inicia una cuesta arriba bastante compleja de escalar. Gracias por compartir tu visión que nos permite abrir los ojos a una mirada diferente, un tanto mas benevolente. ¡Que tengamos 2023 buenas razones para celebrar cada día del año! Te quiero. Aman. ❤
ResponderEliminarHola ANAHI, arranco a leerte y no puedo parar. Empieza muy bueno y seguramente lo demás será igual o mejor, como siempre que escribes. Intentaré darte mi devolución a cada uno de tus textos, pero ya sabes, el tiempo es tirano, prometo llamarte y contarte mas. Por ahora, te sigo leyendo... Con el respeto y la admiración de siempre, Laura Perez
ResponderEliminarMe encantan tus escritos Anahí. Me gustó reencontrarte por aquí. 👏🏼👏🏼 S. G.
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