Ayer volvíamos del supermercado cuando paramos el auto para darle paso a gente que cruzaba y el vehículo de atrás a los, no sé, tres segundos, nos tocó bocina para apurarnos.
Observo eso a menudo: la ansiedad, la impaciencia, la incapacidad de esperar SEGUNDOS.
No pude más que decir: "Y eso que hoy todo es bastante rápido! te lo imaginás a éste viviendo en el tiempo en que para recibir una carta había que esperar semanas? No sobrevive...".
La paradoja del "no tengo tiempo" en que TANTO nos lo ahorra...
Nuestras bisabuelas lavaban a mano y secaban con un rodillo, calentaban la plancha en brasas, usaban hornos a leña con sus tiempos, caminaban largas distancias o viajaban en barco, no tenían teléfono y así podría seguir.
En tiempos de aspiradoras y hornos digitales, de cocinas de inducción con timer y teléfonos inteligentes, de correos que llegan inmediatamente casi (hasta los físicos lo cual me asusta porque sé el precio que se paga por esa aceleración y no me refiero al monetario), en tiempos donde no caminamos a alquilar un video sino que tenemos abonos o pagamos por una película con el control remoto... en serio "no tengo tiempo"?
Paré a mirar un poco y descubrí a gente que trabaja medio tiempo, cuatro o cinco días a la semana, excusando su (im)productividad en "estoy muy ocupado". Si yo quisiese limpiar mi casa en una hora en lugar de en cinco estaría también muy ocupada... Extraña administración la de creer que se gana reduciendo para quejarse luego de que no alcanza!
Observé también que de repente se usa una llamada de cuarenta y cinco minutos para tratar (con suerte!) lo que definiría un correo y que las videollamadas parecen una sesión de terapia de grupo o un encuentro de after office más que una instancia laboral a efectos productivos.
Mucha maraña de reunión inútil, de videollamada eterna, de llamada interminable, mucho posteo y stalkeo y mucho "me miré de un tirón tres temporadas" para ser gente que "no tiene tiempo" .
Sé que existen personas que legítimamente no lo tienen y acaban exhaustas pero no son las que observé cuando elaboré lo que ahora escribo.
Recordé también cuántos suponen que eso de repetir "estoy muy ocupado" los posiciona como "gente importante y llena de trabajo" lo que lleva a pensar en éxito. A mí me sabe a pésima administración de tiempo, a queja-excusa para esconder improductividad.
Además me tienta preguntar: "ocupado en qué?". Porque también puede uno estar ocupado en teñirse las raíces, en pintarse las uñas de los pies o en terminar un rompecabezas. No es precisamente que todos esos que están "tan ocupados" lo estén en cuestiones rimbombantes. Muy ocupado en preparar la cena se puede estar también.
Noté que todos tienen tiempo para lo que quieren no para lo que no y que excusarse en no tenerlo es más subjetivo que objetivo.
Noté que hay una invasión de gente que alarga lo inútil para que se le acabe el tiempo y jugar al desbordado y es en general gente que puede darse el lujo de hacerlo porque no cobra por lo que produce.
Noté también que no pujan por reducir reuniones inútiles en aras de tener más tiempo para otras áreas.
Ah, la paradoja de vivir en un mundo dónde tanto nos ahorra tiempo, tomarlo entonces y quemarlo en lo que nos place aun en el marco del trabajo y después victimizarse por su falta y cuan ocupados estamos...!
Recordé entonces a un profesor de Sociología que nos dijo una vez que tuvo un profesor muy estricto que ante el "no tuve tiempo", respondía: "Durmió? Entonces sí tuvo tiempo".
Suena radical, enfermante! dirían algunos. Pero viendo cómo van girando las cosas, cuando algunos se quejan, quiero preguntarles: "cuán largas y frecuentes son tus reuniones?".
Si se cayera la defensa corporativa de tantos a la pérdida de valioso tiempo, se generaría más. Aunque tal vez ese sea precisamente el temor que la sostiene...
Oops...
©AnimarJournals