Mudarse de país, de continente y de hemisferio implica aprender mucho y acostumbrarse a diferencias profundas, incluso a opuestos: el viento norte es frío aquí y se va al sur a buscar calor...
Muchas de esas diferencias han comenzado a serme familiares pero no siempre me es fácil desandar décadas en un puñado de años.
Hay algo que también difiere de lo que conocí y son los funerales.
Yo no sabía de funerales con discursos, fotos o videos, con canciones seleccionadas, con protocolos e invitaciones...
Lo había visto en las películas sí y el concepto no me era nuevo aunque para nosotros (no sé en todo el país ni en la región sino en los veinte? a los que acudí) los funerales son "velorios" y duran un par de horas o toda la noche y puede haber café y algo básico para comer y ya, como medialunas, y no siempre...
Las personas dirán que se fue pronto y que hablaron hace poco y que parece que duerme y que sólo se ven en los velorios y que quién irá a ser el próximo y luego se van el muerto y los vivos y se crema o se entierra porque del polvo venimos y al polvo nos vamos y rezamos y lloramos y sufrimos rotos, tantas veces, y taza taza cada uno a su casa y empieza así una nueva vida para los vivos y para los muertos.
Estoy aquí ahora y le dije a mi esposo ya "no quiero fiesta cuando me muera". "Se celebra la vida", me dijo. "Celebremos mi vida en vida", le pedí.
"La persona merece eso". No entraré en si lo merezco pero definitiva (y literalmente) paso de eso.
La muerte es demasiado dolorosa para los que quedan (a veces, al menos...) como para estar organizando aparatosos y costosos eventos con gente que se siente obligada a venir a dar "el último adiós" cuando en realidad al último adiós me lo dieron en vida, lo supieran o no.
Celebro mi vida en cada cumpleaños aunque no viene tanta gente. No celebro sólo mi nacimiento: celebro estar viva, celebro estar lúcida, celebro poder amar y ser amada. Celebro mis cicatrices, mis fracasos y mis triunfos. Me celebro a MÍ.
Mi funeral congregaría más gente que mi cumpleaños y yo era tan buena una vez muerta pero viva los mensajes se retaceaban y peleábamos pero de muerta buscarán alguno foto juntos o juntas e irá al perfil de whatsapp o al feed de Instagram con un largo y sentido texto de adiós para los followers porque yo ni idea tendré para ese entonces.
"No gastaríamos el dinero de un funeral en un fin de semana de vacaciones, el mundo está al revés, todo pasa al revés: quiero comida y fotos viva, y saber cuánto se me ama ahora, y ser visitada y celebrada mientras pueda verlo y vivirlo y si no pasa así, que nadie tome aviones de muerta ni viaje largo y se siente a llorar porque estuve viva una vez..."
Mi pobre marido creerá que es una excentricidad... Tal vez que soy egoísta pero es lo contrario: hablo de amor con los que amo para que si no estoy no sientan que no nos dijimos, que no sabíamos que nos amábamos. Eso es más importante que discursos y canciones. Vivo tratanto de ser la mejor versión de mí y deseo que lo que expresamos y sembramos y VIVIMOS en vida no sea reinterpretado si muero y aparezcan los que me ignoraban a repartir lágrimas y condolencias, sean quienes sean y vengan de donde vengan.
Amor a mí es también no sentir necesario un evento para celebrar la vida alrededor de un cuerpo muerto que tuvo su tiempo de estar vivo y ser celebrado.
"Algún día se verá que todo esto está al revés", le digo mientras celebro mi vida y la suya y la de mi hija y la de los seres que amo.
Sabrán así cuando no esté que no hay deudas pendientes ni facturas que pasar ni evento al que acudir ni en el que invertir ni al que viajar: estaremos a mano, a alma, y eso, aún en el dolor, traerá paz.
Traer paz en la angustia y sentir que no se debe nada más que una velita, un buen recuerdo y oración es un gesto de amor acorde a mi manera de ver el mundo.
Y a este respecto, debo confesar que por el lugar en el que me sitúo, no es fácil saber cuando hace frío, desde dónde sopla el viento...
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