Cuántas batallas yermas nos quitan la paz...
Existen batallas con nosotros mismos que nos alientan a mejorar, a abandonar hábitos nocivos, a perdonar o perdonarnos, a olvidar o a recordar contra el olvido...
Pero cuántas batallas inútiles libramos por costumbre, batallas perdidas desde el principio, batallas que nos gastan y desgastan y que nos dejan algo más débiles y más cansados...
Cuántas mentiras nos decimos, cuántas envolvemos en promesas mágicas que nos repetimos como mantras huecos: "viajar me ayudará; volveré y todo (incluida yo) estará mejor"; "fulana o fulano va a cambiar, lo sé. Se dará cuenta y cambiará".
Pero al volver del viaje lo único que cambió fue el tiempo y los fulanos no cambiaron y qué más, no sé, tal vez tu hogar esté aún en la ciudad que detestás y ves las mismas caras en el trabajo que te saca de quicio...
Pequeñas enormes frustraciones e impaciencias con sus fracasos que nos agujerean el humor y la energía con la paciencia y la constancia con que esa gota cae y horada la piedra...
Quizás con algunas de esas molestias e inquietudes debiéramos firmar la paz: no por convencimiento ni por cansancio sino por amor a nosotros mismos.
Vivir combatiendo a esos pequeños enemigos es una manera de dedicarles nuestra vida...
Por amor a mí dejo que sea... porque no puede no ser y pues... que sea!
No podré con todo, lo sé, pero voy a firmar esta paz aquí y otra acá y algunas por allá. Con todas haré las paces que necesito.
#soltar
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